Esta consiste en afinar la capacidad de prestar atención, en poseer una consciencia constante y penetrante, y dejar emerger una facultad intuitiva que va más allá del pensamiento, aunque se pueda formular mediante el pensamiento.
Estrictamente hablando, el mindfulness no es una técnica o un método terapéutico, sino más bien un modo de ser o un modo de ver que comporta «entrar en sí», lo que permite percibir las cosas de manera nueva. En concreto, la presencia mental es la consciencia que emerge si prestamos atención de manera intencional, en el momento presente y sin juzgar.
Conseguir percatarse de nuestros juicios sobre los demás y librarse de ellos puede ser el resultado práctico de este tipo de comportamiento, pero el mindfulness puede tener otros resultados, como la paciencia, el no reaccionar negativamente, la compasión, la prudencia… así como la aceptación incondicional de la realidad, no identificar nuestros pensamientos con nosotros mismos, la percepción del momento presente y el sentido de autotranscedencia.
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