En el cumplimiento de la Voluntad de Dios, que consiste en amar a Dios y al prójimo hasta estar fundidos en la Unidad, encontraréis la Cruz en la que tendréis que crucificaros. ¡No temáis! […]
Jesús necesita almas que sepan amar así, que lo elijan. No por la alegría que da seguirlo. No por el Paraíso que nos prepara ni por el premio eterno. No para tener la conciencia tranquila. No, no, no. Solo porque el alma sedienta del Amor verdadero quiere ser un todo con Él, quiere fundir su alma con la de Él […].
Pero buscad el sufrimiento que os ofrece la Voluntad de Dios, no solo la que os mandan vuestros Superiores (en los meros mandatos de la obediencia), sino esa Voluntad de Dios que es Amor recíproco – el Mandamiento Nuevo – ¡la Perla del Evangelio!
Haced de todo, haced todo lo que podáis para ser uno entre vosotras y con todas las hermanas. Son vuestros prójimos: por tanto amadlas a todas como a vosotras mismas. […]
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