s bastante normal hoy en día recibir mensajes de cierto tono alarmista, ya sea solicitando solidaridad, advirtiendo de un peligro o simplemente reclamando nuestra atención sobre un suceso. Y es muy posible que los hayamos difundido sin pensarlo dos veces. ¿Por qué? Puede que la persona que me lo ha enviado me inspire confianza, pero ¿es argumento suficiente?
Si verificásemos toda la información que compartimos en Facebook o por WhatsApp, no seríamos divulgadores de bulos, cuyas consecuencias pueden llegar a ser muy serias. Se han dado casos de violencia extrema motivados por un bulo difundido por las redes sociales.
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