Jesús convirtió el mundo con la palabra, con el ejemplo, con la predicación, pero lo transformó con la prueba del Amor: la Cruz.
Allí, durante dos horas y media, en ese estado de tremenda angustia y terrible dolor, atrajo a los corazones hacia sí.
[… ] vale más un minuto de tu vida en esa cama blanca si aceptas con alegría el Don de Dios, que es siempre dolor, que toda la actividad de un predicador que habla y habla y ama poco a Dios.
(De una carta a una amiga, noviembre de 1944)
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