Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la edad media de las madres primerizas está actualmente en 32 años, y la de los padres, en 34 años. Elena Corrochano, doctora en Antropología, lo achaca a un aumento de las expectativas previas a la paternidad: parece que hoy el que no tenga trabajo fijo, coche, casa y una estabilidad económica no está preparado para ser padre. La fundación BBVA, por su parte, añade otras posibles causas en su ensayo «Los hombres jóvenes y la paternidad», como la inseguridad en la contratación laboral o las relaciones de pareja sin convivencia. A lo que podríamos añadir la edad media de emancipación que, ahora mismo, según datos de Eurostat, está en 28,9 años.
La «teoría de la transición demográfica» también arroja luz sobre este tema. Como ya se ha dicho, hoy se tiende a alcanzar ciertas metas antes de ser padre, y entre ellas están las profesionales. Pues bien, lo que dice está teoría es que cuantos más estudios tenga una persona y más años dedique a su formación, menos hijos tendrá, ya que dedicará más tiempo a su vida profesional que a la personal. Obviamente, la solución no está en un retroceso educativo ni formativo de la sociedad, pero entonces... ¿cómo compatibilizar ambas metas? Aparece así el problema de la difícil conciliación familiar y laboral como otra de las causas de la paternidad tardía, así como la gestión de las vacaciones de los padres tras el nacimiento de los niños.
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