Nací en una familia problemática, causa determinante de todas mis desdichas y rebeliones de adolescente». Así empieza a narrar su historia Teresa superando la timidez. A medida que va recuperando el control de sí misma, se transforma, se ilumina. Y eso que su experiencia vital es muy poco estimulante. Solo desde cierta perspectiva, y ella es consciente, se aprecia un plan providencial que a través de una trayectoria accidentada y arriesgada, la ha llevado a ser la Teresa de hoy.
«A los 12 años empecé a salir por las noches y volver tarde a casa. Dos años después ya formaba parte de una pandilla que no conocía otra diversión que la de emborracharse y drogarse hasta la madrugada. Y me ennovié con uno de los chicos. Como no creía en Dios, yo era mi propio dios. Beligerante y rebelde, criticaba todo y a todos, contestaba a mis padres y profesores y no escuchaba a nadie. También decía muchas mentiras sobre lo que hacía. ¡Cuántas preocupaciones les di a mis padres! Y lo peor era que me traía sin cuidado cómo se sentían». Resulta difícil conciliar esta imagen de un pasado aún no muy lejano con esta chica guapa y sonriente que tengo delante.
Leer más
Para acceder al artículo completo debe identificarse con su usuario y contraseña.
Para suscribirse o registrarse elija una de las siguientes opciones