Doña urraca era una cleptómana tremenda. «¿Clepto qué?», preguntó Daniel. «Cleptómana
–respondió su abuela–, que tiene el vicio de robar cualquier cosa que le guste por puro placer». «¡Vaya bicho!», exclamó Daniel. No lo podía evitar. Sus amigos sabían que, cuando algo faltaba, lo habría cogido ella, pero al día siguiente aparecería para poder robarlo de nuevo. Era un poco latoso, pero se había convertido casi en un juego.
Leer más