Un grupo de jóvenes palestinos avanza por una calle. A lo lejos divisan otro grupo, cuya bandera les identifica como israelíes, y salen corriendo hacia ellos. Cuando se encuentran, se saludan efusivamente, intercambian bagatelas, cantan y bailan juntos; unen las banderas de sus países con nudos, y todo el grupo se hace fotos con ellas.
Este extraño clima de fraternidad, que une incluso a personas de países en guerra entre sí, se pudo vivir en las calles de la ciudad de Cracovia (Polonia) con motivo de la XXXI Jornada Mundial de la Juventud, que tuvo lugar del 26 al 31 de julio pasados.
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