Vivimos en un mundo que, por definición, es diverso, variado. Pero las diferencias no deben asustarnos, anularnos ni hacernos iguales, sino que forman parte de la riqueza del ser humano.
¿Es posible vivir la unidad en la diversidad? Con esta pregunta inició la Mariápolis 2016, que se llevó a cabo en Logroño del 1 al 5 de agosto y que acogió a unas 450 personas de muchos lugares de España. Su título, «Uni2: Conocer para amar», englobaba un programa que pretendía facilitar espacios donde los participantes experimentaran y disfrutaran de profundos «momentos de unidad en la diversidad».
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