Hace mucho tiempo, en una ciudad con castillo y murallas, vivían tres amigos: Juan, Abraham y Hassán. La habitaba gente de distintas religiones, que no siempre se llevaban bien. Por eso el señor del castillo les obligaba a vivir en barrios separados, con puertas que, cuando llegaba la noche, se cerraban hasta que cantara el gallo.
Juan era cristiano, Abraham judío y Hassán musulmán. Sus casas estaban en un punto donde los tres barrios se unían, o se separaban, según quien opine. «Shalom aleijem» (la paz sea con vosotros), saludaba Abraham desde la ventana. «Aleikum salam», respondía Hassán, y Juan asomaba la cabeza para decir: «¡Que Dios os bendiga!». Les gustaba jugar en la calle, subir a la muralla, bañarse en el río, lanzar piedras con tirachinas… Y aunque en ocasiones por cada barrio circulaban rumores de lo malos que eran unos u otros, ellos se encogían de hombros y arqueaban las cejas de incredulidad.
Leer más