En 1972, cuando tenía 20 años y me sentía enojada con la vida, conocí a unos jóvenes que me hablaron de Dios Amor y me invitaron a una convivencia con el extraño nombre de Mariápolis. Aunque había sido educada en la fe católica, no creía que Dios fuese amor, pero tenía curiosidad. No fue una iluminación, pero desde entonces mi vida cambió radicalmente. Creía que el Evangelio estaba pasado de moda, pero allí trataban de ponerlo en práctica, así que me lancé a vivir una frase tras otra.
Así conocí la vida de Chiara Lubich y su actitud ante la jerarquía de la Iglesia me cuestionó profundamente. Hasta entonces, todo lo referente a la jerarquía eclesiástica me rechinaba, pero «Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha», dice Jesús. Entendí que esta frase se refería a todo lo que la Iglesia nos ha transmitido a lo largo de los siglos. Por ejemplo, el valor de la vida, la familia, los sacramentos...
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