Los proverbios resultan enormemente útiles para comprender algo. Cuando, en educación, alguien usa ese conocido texto de Khalil Gibran que dice «vuestros hijos no son vuestros hijos...», a nadie se le ocurre pensar que lo hace en sentido literal.
Y, por supuesto, si alguien usa esa frase en sentido literal, como mínimo, merece la reprobación y recibirá un aluvión de críticas. Cuando a mediados de mayo la prensa recogía la alusión de una diputada a la metáfora de la tribu para educar a los niños, la respuesta inmediata fue de rechazo, crítica o incluso cierta burla.
Vaya por delante mi respeto a dicha diputada y su trabajo en las Instituciones a las que representa, pero permítaseme hacer algunas matizaciones no tanto a sus opiniones o declaraciones sino al uso que hace de la metáfora para justificar su personal posicionamiento sobre la educación. Porque, y aquí quería llegar, cuando abordamos temas tan sensibles como la educación –y mucho más en tiempos inciertos– debemos hacerlo con alta sensibilidad y, sobre todo, con un deseo de estimular y ayudar en lugar de crear confusión.
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