Fiorella: Nos casamos con el convencimiento de poner siempre a Dios en medio de nuestra familia, pero los continuos viajes de Ángel por trabajo causaron una situación complicada. Al principio solo era que nos echábamos mucho de menos, pues eran períodos largos, pero cuando llegó Olivia empezó a ser un problema. Lo analizamos a fondo y, poniendo en primer lugar la familia, decidimos que yo reduciría mi jornada laboral. El primer año de Olivia fue pasando y, aunque hacíamos lo posible para que los viajes no nos afectaran, cada vez se hacía más duro.
Deseábamos que nuestra familia creciese, pero la situación nos empujaba a lo contrario. Aun así, seguros de que el Padre nos ayudaría, me quedé embarazada de Sofía. Esta alegría desplazó todo malestar entre nosotros. Además, en ese momento los viajes de Ángel dejaban de ser al extranjero y por tanto más cortos. Volvimos a ver una luz.
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