El diálogo es un signo de los tiempos. Las dificultades que encontramos para vivir una verdadera cultura del diálogo confirman esta hipótesis.
En los primeros días de 2016 recibí una carta de una pareja de amigos suramericanos que se acababan de casar. Tras un periodo de intenso trabajo, habían decidido tomarse un año fuera de su país para reflexionar, conocer otras culturas, recibir formación y trabajar por los más pobres. La carta que me enviaron era una especie de relación sobre lo que habían vivido, una forma original de felicitarme por el nuevo año. Copio aquí algunos párrafos: