osé María Quintas, máster en Mística y Ciencias Humanas, explica que, según las últimas estadísticas, los jóvenes españoles se han alejado de las instituciones y todo tipo de organización. Entre ellas, la Iglesia, de la que un 86% reconoce estar alejado. En opinión de Quintas, los jóvenes no son autónomos porque no pueden independizarse del «hotel mamá», por la dificultad de encontrar trabajo: «Tienen, pues, un ansia enorme de libertad, y por eso rechazan todo lo que sea normativo e institución». Aun así, considera que no por ello los jóvenes se cierran a toda espiritualidad, sino que viven una espiritualidad autónoma: «Creen sin pertenecer».
De lo que no cabe duda es de nuestra necesidad de encontrar espacios que nos permitan alimentar lo más íntimo, algo que puede lograrse a través del silencio o la oración, pero también a través de los demás. Por eso, varios jóvenes se reunieron la pasada Semana Santa en Huesca para llevar a cabo una acción solidaria con personas que se encuentran, como diría el papa Francisco, «en la periferia de la existencia». La casa familiar San Lorenzo es un centro residencial que ofrece atención y apoyo supervisado a personas en situación de exclusión social, bien por padecer enfermedades físicas, psíquicas o sensoriales.
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