Cansado de jugar bajo tierra, Topito quería corretear junto al conejo, silbar junto al jilguero o hacer guerra de avellanas con la ardilla, ¡pero a plena luz del día no veía un pimiento! Cuando sacó la cabeza de la tierra, oyó que todos decían en tono contrariado: «¡Oh, noooo, otra vez aquí».
De mala gana jugaron con él, aunque pensaban que era un desastre. Si corría, tropezaba; si jugaban al truque, pisaba las rayas; y si el jilguero dirigía el coro, él no diferenciaba sus gestos. Así pues, decidieron decirle que no querían jugar más con él. El topito se sintió muy desgraciado. ¡Él no tenía la culpa de ser así! Y con lágrimas en las mejillas regresó al túnel.
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