La Semana Santa pasada opté por vivirla en la residencia de los franciscanos de Cruz Blanca, en Huesca. Allí conviven los hermanos franciscanos, los asistidos (80 personas en riesgo de exclusión social) y voluntarios. Durante cuatro días nos unimos a la comunidad veinticinco jóvenes de diversas partes de España.
Para resumir esos días en un título, parecería apropiada la palabra «servicio». No faltarían razones. Una descripción de la experiencia podría ser enumerar con detalle los servicios que desempeñamos: talleres (manualidades, galletas, etc.), un paseo por la ciudad con los residentes, bailar al compás de las últimas tendencias, compartir con ellos tiempo, conversaciones y comidas, participar en los oficios religiosos, etc. En definitiva, unos días de comunión fraterna, creando relaciones personales profundas con la gente que ahí vive y tratar de proporcionarles un poco de cariño.
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