La Palabra de vida, un resorte que nos mantiene activos en tratar de amar y servir a quien lo necesite.
Han llamado a la puerta», dice mi mujer. «Sí, lo he oído –respondo–. Voy a ver quién es». En ese momento estábamos a la mesa toda la familia. «Es Alberto». «Pues dile que suba». Vuelvo al interfono: «Sube, Alberto». «No, Antonio, ¿puedes bajar tú?». Vuelvo a mi mujer: «No quiere subir». «Pues ya sabes –me responde–, ve y no te preocupes; te mantendré calentito lo que queda de la comida». «Ya bajo, Alberto».