«La corrupción política es, después del paro, el problema que más preocupa a los españoles».
Un dato del Barómetro del CIS que pone sobre la mesa una triste realidad: el mal concepto, merecido o no, que tenemos en España de la clase política. Los medios de comunicación son la principal (y a veces la única) fuente de información política, y por eso constituyen un elemento esencial de toda democracia. Una función que con las nuevas tecnologías se ha agudizado aún más, ya que la comunicación directa entre políticos y ciudadanos, especialmente entre los usuarios más jóvenes, ha aumentado. Entrar en Twitter y toparse con hashtags relacionados con algún político, ya sea como muestra de apoyo o para criticar el último caso de corrupción, es algo habitual. Lo cual no implica que siempre sea positivo.
¿Qué rol juegan los medios de comunicación en la percepción que los jóvenes tenemos de nuestros representantes? ¿Realmente informan o, por el contrario, contribuyen a aumentar la desconfianza? Quizás el problema esté más en las redes sociales y no tanto en los medios tradicionales, pero no faltan las voces que acusan a estos de dar solo información amarillista, negativa y/o partidista, contribuyendo a una visión trivial y efectista de la política. En efecto, todos sabemos cómo visten los diputados de cada partido o quién lleva a su hijo al Congreso de los Diputados.