Jesús, modelo nuestro, nos enseñó solo dos cosas, que son una: a ser hijos de un solo Padre y a ser hermanos los unos de los otros.
Cuando todos estos hijos cumplan la voluntad del Padre único, como Jesús la cumplió, entonces serán uno. Y la voluntad del Padre está contenida en el Evangelio, y es: ser uno con Dios Padre por medio y a ejemplo de Jesús, y ser uno con todos los hermanos. [...]
Cuando el alma personifique a Cristo en su decidida y total obediencia al Padre, entonces en ella habrá unidad.
(Del escrito «La Unidad», 2 de diciembre de 1946)