Era lo que esperaban los judíos de su tiempo. Jesús comenzó a anunciarlo en cuanto se puso a recorrer los pueblos y ciudades: «El Reino de Dios está cerca» (cf. Lc 10, 9). E inmediatamente después: «El Reino de Dios ha llegado a vosotros»; «El Reino de Dios está en medio de vosotros» (Lc 17, 21). En la persona de Jesús, Dios mismo se establecía en medio de su pueblo y tomaba en mano la historia con decisión y fuerza para guiarla a su meta. Los milagros que Jesús hacía eran signo de ello.
En el pasaje del Evangelio del que está tomada esta Palabra de vida, Jesús acaba de curar a un mudo liberándolo del diablo que lo tenía prisionero. Es la prueba de que ha venido a vencer el mal, cualquier mal, y a instaurar por fin el reino de Dios.