El insomnio es una disfunción frecuente que afecta a cerca del diez por ciento de la población. A medida que avanzamos en edad la cantidad total de sueño tiende a disminuir y nos despertamos antes.
Las dificultades para conciliar el sueño generalmente van asociadas a un malestar emotivo, como estados de ansiedad o miedos reales o imaginarios, también a problemas respiratorios y al horario variable de sueño. Los cambios de estación también pueden ocasionar trastornos en el sueño. Otras causas de insomnio pueden ser las depresiones o los problemas respiratorios graves que suelen ir asociados a la obesidad, el consumo de fármacos, alcohol o cafeína.
Cuando el problema se prolongue mucho tiempo, conviene consultar al médico. Pero una vez excluido que pueda estar motivado por una determinada enfermedad, entonces hay que ver cómo podemos mejorar la calidad del sueño. Una buena ayuda es el ejercicio físico. De hecho, distintos estudios realizados sobre ancianos que padecen insomnio han demostrado que la actividad física aeróbica no solo mejora su sueño, sino también su humor y su calidad de vida.
Algunos consejos útiles: no irse a la cama si uno no tiene sueño; evitar ver la televisión, trabajar o estudiar en la cama; no dormir de día cuando uno ha dormido poco por la noche; limitar la siesta a solo media hora y en un sillón o butaca; respetar el horario de comidas y procurar que la cena sea ligera; si uno no logra dormirse después de quince minutos, no ponerse nervioso, levantarse y tomarse una infusión o un vaso de leche caliente (la necesidad de dormir es cíclica y volverá al cabo de 90 minutos); hacer ejercicio físico, preferiblemente por la mañana o por la tarde, nunca de noche; no beber café ni té por la tarde; utilizar un colchón adecuado.