Casi dos mil musulmanes salvados de la furia asesina por el padre Justin Nary. Testimonio de un sacerdote que arriesgó su vida por toda su gente.
Hacía tres años que era párroco en una gran ciudad, Carnot, que, como el resto del país, sufría la psicosis de un inminente conflicto étnico-religioso. De pronto me di cuenta, con cierto dolor, de que los sacerdotes, los pastores y los imanes ni siquiera nos conocíamos. Así que tenía que hacer algo porque la vida de nuestra gente estaba en juego».
De forma sencilla el padre Justin Nary, sacerdote centroafricano de 42 años, va exponiendo lentamente su testimonio en un congreso de sacerdotes y seminaristas reunidos en Loppiano (Italia). Habla de su país, que en su momento saltó a los titulares cuando estallaron sangrientos enfrentamientos entre musulmanes, cristianos y animistas.