Carlitos era jefe de la banda del patio. Nunca se llevaba bocadillo porque elegía entre las meriendas que el resto de niños traía. Aquella mañana le apetecía chocolate y vio que Andrés se disponía a dar el primer bocado a su bocata de Nocilla. Cuando Carlitos le tocó en el hombro, Andrés se giró, puso cara de susto y escondió su merienda. El rey del patio le dio un empujón que lo dejó sentado. Sin decir palabra cogió el bocadillo y se largó escoltado por su banda.
Al volver a casa, Carlitos encontró a su papá pegado al televisor, viendo las noticias. Había ocurrido un tremendo atentado. Todo un colegio había volado por los aires. «¡El mundo se ha vuelto loco!, ¡Todos esos niños! –pensó Carlitos– ¡Cuántas guerras!». «¿Por qué hay personas tan malas? –preguntó a su padre–. ¿No se puede hacer nada?». Y rompió a llorar.
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