n mayo del 2014, al efectuar unos controles médicos, me diagnosticaron un melanoma, según los médicos bastante agresivo. Una vez superado el impacto que nos supuso a mí y a toda mi familia recibir esta noticia, fui consciente de que estaba ante un hecho que iba a marcar un antes y un después en mi vida. Necesitaba ponerme a la escucha para que el Señor me hiciera entender lo que quería decirme a través de esta nueva realidad.
Lo primero que nos surgió a Tere, mi esposa, y a mí, después de hablarlo detenidamente, fue comunicárselo a nuestra gran familia espiritual, es decir, a nuestra comunidad parroquial y al grupo de mayores Yubiguay, para vivirlo unidos en la oración y el ofrecimiento, a fin de que ante todo se cumpliese la voluntad de Dios.
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