Hace unas semanas, Ma Isabel me regaló unas sacas para clasificar los residuos en el hogar. Son bastante prácticas a la hora de librarte de la basura.
En mi pueblo, uno tiene que ir con las bolsas en romería de un contenedor a otro si pretende hacerlo bien, y la comodidad a la hora del transporte se agradece. De ahí que aprecie el obsequio y la utilidad del mismo.
En ocasiones encuentras materiales en contenedores que no deberían estar ahí, quizás producto del desconocimiento, de la falta de concienciación o de la desidia de la gente. Este hecho certifica que España está lejos del ideal de país “eco” y que los españoles no estamos por la labor de hacernos los suecos (Suecia recicla el 99 % de su producción de desechos).
La Administración no cesa en su empeño (y obligación) de concienciar a la ciudadanía mediante campañas publicitarias por diversos medios, y la ecología forma parte del currículo de Primaria desde hace varias reformas educativas. Y a pesar de todo, no parece que estas medidas resulten efectivas. ¿Por qué?
Les confieso que la idea inicial era escribir un artículo para animarles a reutilizar materiales, sorprendiéndoles con originales recomendaciones. Créanme: en internet tienen cientos de propuestas chiripitifláuticas que pueden llevar a cabo (dado lo efectista del