La rabia, una emoción universal. Algunos consejos para manejarla bien.
En los últimos tiempos la rabia, entendida como una de las emociones primarias
innata en todo ser humano y, por lo tanto, universales, se ha vuelto muy actual. En primer lugar porque gente «rabiosa», auténtica o fingida, hay hasta demasiada, ya sea en la tele, en las redes sociales o la misma calle. Y luego porque se hace cada vez más necesario hallar los modos más eficaces de manejarla con el fin de que sea menos explosiva.
En una sociedad como la nuestra, donde las personas estamos cada vez más conectadas, si bien muchas veces física y psicológicamente distantes, los malentendidos y las frustraciones pueden desembocar en potentes explosiones de ira. ¿Cómo manejarla? ¿Cómo “desactivarla”?
Dicen los psicólogos que cuando nos encolerizamos, todo el cuerpo se ve afectado. Aumenta el ritmo cardiaco, se agita la respiración y se siente un fuerte impulso de hacer algo para que baje la tensión. Pero suele ocurrir que ese algo acabe aumentado la rabia y con ello se cree un círculo vicioso. ¿Qué hacer? Pues se puede empezar poniéndole nombre al motivo de esa rabia, es decir, acostumbrarse a unir reflexión con emoción. Con el paso del tiempo nos iremos habituando a encontrar soluciones sin dañarnos a nosotros mismos ni a los demás.