«Preparad el camino del Señor, allanad
sus senderos»(Mc 1, 3).
Estas palabras están dirigidas a mí. El Señor viene y debo estar preparado para acogerlo. Cada día le pido: «Ven, Señor Jesús». Y Él responde: «Sí, vengo pronto» (cf. Ap 22, 17.20). Está a la puerta y llama, pide entrar en casa (cf. Ap 3, 20). No puedo dejarlo fuera de mi vida.
La invitación a acoger al Señor que viene es de Juan el Bautista. Está dirigida a los judíos de su tiempo. A ellos les pedía que confesasen sus pecados y se convirtiesen, que cambiasen de vida. Estaba seguro de que la venida del Mesías sería inminente. ¿Lo reconocería el pueblo, que lo esperaba desde hacía siglos, escucharía sus palabras, lo seguiría? Juan sabía que para acogerlo hacía falta prepararse; y de ahí la apremiante invitación:
«Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos».