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Convertirse en padres adoptivos

Maricarmen y José Antonio

El mundo de las adopciones Hemos estado en lista de espera casi veinte meses. Sabíamos que nuestro hijo nos esperaba, pero no a cuántos meses de distancia.
Nuestra aventura para ser padres adoptivos se remonta al año 1999, pero comenzó a hacerse realidad en 2004, cuando cambiamos los trámites para adoptar en otro país, Filipinas. Fue en julio cuando presentamos nuestra solicitud de adopción internacional en el Servicio del Menor, organismo dependiente de la Comunidad Autónoma de Murcia encargado de acreditar la idoneidad de la pareja para poder adoptar. Cuando nos casamos, como cualquier pareja, pensábamos que los hijos vendrían como fruto de nuestro amor, y efectivamente Dennis ha sido fruto de muchas decisiones tomadas con inmenso amor. El céntuplo que ahora estamos recibiendo es amor de Dios por nosotros. Siempre hemos procurado ser una familia disponible a los favores que nos han pedido y nuestra casa ha estado abierta a muchas personas que han pasado por ella, porque vivir el cristianismo ha sido una exigencia que los dos sentimos en cada momento. Creer en el amor de Dios nos ha ayudado a seguir adelante en tantos momentos de dificultad, de oscuridad, de no ver el fin... y han sido muchos. Filipinas es un país relativamente nuevo en cuanto a las adopciones. Buscamos en internet algún foro donde se comentaran detalles sobre la adopción en este país. Luego preparamos toda clase de documentos personales, cartas de recomendación, extractos patrimoniales, etc., y gestionamos nuestro expediente por protocolo público, es decir, que sería la Administración Pública la que se encargaría de enviar el expediente a Filipinas. Si algo recordamos con especial cariño de ese periodo es la inestimable ayuda que recibimos de las familias de la “lista de Filipinas”. Para cada pregunta, cada duda o cada miedo, alguna de las familias del foro tenía una respuesta. Mari recuerda aquella pregunta tan escueta que colgó en el foro la primera vez: ¿Hay alguien para Filipinas?, y desde distintos sitios de España llegaron respuestas de familias con las que ahora nos une una amistad cada vez más sólida. Fruto de esta amistad ha sido la colaboración para ayudar a algunos orfanatos de Filipinas, enviando medicamentos, material médico y dinero. Después de presentar la documentación, comenzó una larga espera hasta que el ICAB, organismo de adopciones filipino, aceptó nuestro expediente y nos puso en lista de espera. Entretanto, iban llegando niños y cada asignación se celebraba con enorme alegría por parte de los que todavía estábamos esperando.

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