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Viva la diferencia, si es igual a mí

Klaus Brüschke

Todos los puntos de vista tienen algo que aportar.
Cuando internet todavía era una novedad y muchos proveedores y usuarios descubrían sus posibilidades, Nicholas Negroponte, un estudioso del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), propuso el concepto de The Daily Me (Mi periódico), o sea, la posibilidad de seleccionar sólo información de mi interés y agrado, dejando de lado lo demás. En 2009, Nicholas Kristof publicó un interesante artículo en The New York Times sobre las consecuencias de ese proceso en los lectores. Un estudio constataba que acabamos escogiendo determinados textos, aquellos que dicen algo que ya pensábamos antes de leerlos, reforzando así nuestras convicciones y rechazando las que no concuerdan con nuestro parecer. Este periodista reflexionaba de este modo: «Habitualmente, el blog al que recurro para formarme una opinión sobre la situación en Oriente Medio es el del profesor Cole, porque es inteligente, está bien informado y es sensato; en otras palabras, a menudo concuerdo con él. Soy menos propenso a leer el blog de Daniel Pipes, otro especialista en Oriente Medio, que es inteligente y está bien informado, pero me parece menos sensato y en general no estoy de acuerdo con él». De esta forma se crea lo que los especialistas llaman «caja de resonancia», es decir, un ambiente que devuelve el mismo sonido. Y se ha demostrado que de esta manera las líneas de pensamiento tienden a radicalizarse, llevando a la polarización y la intolerancia, creando guetos de pensamiento homogéneo. «El peligro –añade Kristof– es que esas “noticias� que nosotros mismos hemos seleccionado actúan como narcóticos, que nos sumen en un estupor autoinducido y nos llevan a percibir en blanco y negro un mundo que normalmente se desarrolla en tonos grises». Y con un toque de humor propugna: «Entonces, tal vez el único modo de avanzar sea que cada uno se esfuerce en debatir intelectualmente con adversarios cuyos criterios deplora. Pensémoslo como un ejercicio mental diario análogo a cuando vamos al gimnasio: si no te entrenas hasta sudar, no vale». La argumentación de este articulista no sólo es válida para internet, sino para cualquier otro ámbito. Viendo la cuestión desde una perspectiva fraterna, podríamos encarar al «adversario cuyos criterios deploramos» como alguien que, antes que nada, tiene mi misma dignidad, y cuyo modo de pensar distinto del mío tiene una razón de ser. Empezaré por dejar a un lado mis ideas preconcebidas –que a veces son, admitámoslo, prejuicios–, procurando entender las razones del otro. Tal ejercicio nos llevará a descubrir matices en los que no habíamos reparado, veremos que nuestra argumentación precisa de mejoras y, sobre todo, que con ella no llego a explicar la complejidad de la realidad. En el viaje de la humanidad, todos los puntos de vista tienen algo que aportar. La cuestión no radica en ser “conservador� o “progresista�, sino en exponer a fondo y con claridad el propio pensamiento y desear honestamente vislumbrar la verdad.

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