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Aprender a dialogar
CN
Constantemente nos relacionamos con otras personas, y hoy más que nunca gracias a la moderna tecnologÃa.
Tenemos una enorme cantidad de relaciones porque somos seres relacionales desde lo más profundo de nosotros mismos, incluida nuestra biologÃa más elemental. Ya en las más tempranas etapas de la vida, nuestro cerebro se va desarrollando gracias a un proceso consistente en la unión especializada de las neuronas entre sà y con células no neuronales, como los músculos, por ejemplo. En definitiva, nuestro origen está en las relaciones, nos desarrollamos mediante relaciones y nos dirigimos hacia un misterio que es relación. Tales relaciones generan vÃnculos poderosos, que son la base de comunidades capaces de cambiar el mundo. Es decir, no es el poder lo que cambia el mundo, sino la capacidad relacional del ser humano: relaciones personales, familiares, laborales, polÃticas, económicas, entre pueblos, naciones y estados… Grandes y pequeñas relaciones que van construyendo y dirigiendo el mundo. La otra cara de la medalla es la «calidad» de esas relaciones. Es decir, si realmente logran transmitir algo positivo o se trata de chispazos entre cables pelados que causan cortocircuitos. Y para transmitir algo positivo se requiere entrenamiento. Pensemos en cómo dialogamos. No siempre que hablamos lo hacemos. Muchas veces son dos monólogos en los que cada parte defiende sus intereses y no escucha las razones del otro. Eso no es diálogo, sino enfrentamiento. Hablamos mucho pero dialogamos poco. Para dialogar hay que escuchar, pues como dice el proverbio oriental, si tenemos dos orejas y una boca es porque debemos escuchar el doble de lo que hablamos. Llegar a entablar un diálogo sincero y cordial es una tarea que educa y pacifica. De manera que si aspiramos a una auténtica sociedad humana, y no a un conglomerado humano, debemos aprender a dialogar. Para ello es necesario preparar un clima cordial y de confianza, ya que la confianza facilita el diálogo. Y cuando éste se torne difÃcil a causa de esa intransigencia que se ancla en posiciones fijas, entonces resultará más necesario todavÃa. El diálogo requiere paciencia y no romperlo nunca. En esto, la arrogancia es un obstáculo, mientras que la humildad es la puerta que le abre paso.
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