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articulo

Eucharistia

Clara Arahuetes

Aranda de Duero (Burgos) Iglesia de Santa María Iglesia de San Juan Hasta el 10 de noviembre


Cuando hace 25 años surgió la idea de Las Edades del Hombre en las diócesis de Castilla y León, tenía un objetivo: ofrecer a la sociedad, a través del patrimonio artístico e histórico que se conserva en la Iglesia, un lugar de encuentro entre el hombre y la idea religiosa que facilite el diálogo entre fe y cultura. Desde la primera exposición en Valladolid en 1988, las muestras de Las Edades del Hombre han pasado por distintas ciudades castellanoleonesas, e incluso han viajado fuera de España, como a Amberes y Nueva York.

 

Este año, Aranda de Duero acoge la XIX edición con el título de «Eucharistia», un término latino como en las últimas ediciones. El guión y el mensaje de la muestra se desarrolla en dos templos y en cuatro capítulos: en Santa María la Real los tres primeros, y en San Juan el último. Doce esculturas actuales unen el recorrido entre las dos iglesias, convirtiendo este espacio en un museo al aire libre.

 

La bella portada de estilo gótico isabelino de Santa María la Real refleja la importancia económica de la zona en época de los Reyes Católicos. La iglesia aún conserva la torre románica que nos indica que fue construida sobre una iglesia anterior. En el interior vemos un recorrido por la historia de la Eucaristía. Los tres primeros capítulos –Panis Quotidianus, Antiquum Documentum y Cena Novissima– se centran en los elementos más humanos del banquete y en el tratamiento de la Eucaristía desde el Antiguo y el Nuevo Testamento.

 

El lenguaje religioso se expresa con símbolos y Jesús se sirvió del pan y el vino, con los que celebramos los acontecimientos importantes en torno a una mesa. Así vemos obras en las que los artistas representan estos elementos, como Antonio López, Carmen Laffón, Vela Zanetti. También descubrimos en el Antiguo Testamento la prehistoria de la Eucaristía, en figuras como Abraham que ofrece pan y vino a Melquisedec, en la escultura del sacrificio de Isaac de Gil de Siloé, y en un tapiz del siglo XVI del maná en el desierto. También nos sorprende la larga mesa, de la pintora Mª José Gómez, que sugiere la mesa del Cenáculo, con alimentos simbólicos y un puesto de más que nos invita a participar.

 

El tercer capítulo se centra en el Nuevo Testamento a través de los orígenes de Jesús, la institución de la Eucaristía y la primera Iglesia. Pinturas y esculturas nos hablan de este tema, como La última cena de Murillo, que concentra la luz en Jesús bendiciendo el pan. Y otras actuales, como el conjunto esculpido por Víctor Ochoa en aluminio que nos recuerda a Rodin. Una pieza singular es el mantel de la Santa Cena del siglo I, que se conserva en una urna de plata de 1657 en la catedral de Coria (Cáceres) y se venera desde hace siglos. Algunos dicen que proviene del tesoro de Carlomagno (siglo VIII), que recibió las reliquias de Constantino; otros, que llegó con Alfonso VII en 1142. Hasta el año 1791 lo mostraba el obispo el día 3 de mayo desde «el balcón de las reliquias». Para finalizar este capítulo, antes de salir de la Iglesia nos despide el San Juan Bautista de Diego de Siloé.

 

La segunda sede de la exposición es la iglesia de San Juan Bautista, relacionada con el origen de la villa de Aranda. Fue construida a lo largo del siglo XIV y XV en estilo gótico y conserva la torre defensiva del siglo XII. Su portada tiene nueve arcos ojivales y actualmente acoge el Museo de Arte Sacro.

 

En ella se desarrolla el cuarto capítulo, Mirabile Sacramentum (sacramento admirable). Aquí descubrimos el verdadero significado de la Eucaristía como banquete, sacrificio, presencia real del cuerpo de Cristo, celebración, compromiso de caridad. La primera comunión de Carmen Magariños, El Cristo yacente eucarístico de Pedro de Ávila y San Martín de Tours dividiendo su capa con un mendigo son algunas de las obras. Sin olvidar la solemnidad de la procesión de El Corpus en las maravillosas custodias de nuestros orfebres y un apartado dedicado a los elementos que se utilizan en la Eucaristía: cruces procesionales, incensarios, cálices –como el de los condestables de Castilla, de 1487–, etc.





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