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Ensanchar el corazón

Ander García (

Vencer el respeto humano e interesarse por el compañero de viaje, una forma de amar al prójimo.
«Pues si amáis a los que os aman, ¿qué merito tenéis?». Esta Palabra de vida, que se nos propuso vivir de manera especial en el mes de agosto, me invitó a ensanchar el amor a todos, y por ella en mis oraciones han estado desde entonces también los posibles “enemigos desconocidos”, o también los que me son indiferentes por tendencia natural, que aparecen en los medios o con los que me encuentro en la calle. Todos son “hermanos” por quienes al menos rezar. Hace años en ese «todos» entraban también las personas que me encontraba en el tren o en el bus, pues a los 17 años aprendí a ver en todos a Jesús. Luego, por mil motivos, nos hemos visto arrastrados al individualismo más fuerte. Si acaso un saludo puntual al compañero de asiento, o casi ni eso, y cada uno encerrado en su mundo. Pero ese mes se dio un gran cambio en este sentido. En los viajes suelo aprovechar para leer libros y revistas atrasadas, pero la libertad interior que me da vivir la Palabra me llevó a decirle a un compañero de asiento: «Me encanta leer, pero si necesitas algo, puedes interrumpirme». Así fui descubriendo que era conductor de buses y grandes camiones y que había viajado por toda Europa. En esta ocasión había dejado el camión aparcado lejos hasta la fecha de descargar y volvía el fin de semana a casa para luego retornar a buscarlo. Fue un regalo ver con sus ojos la conducción, sus mil trucos y experiencias. Respetó mi lectura, pero también hablamos de mil cosas. Curiosamente, pocos días después surgió algo parecido con una familia joven, esta vez en el tren. Él, conductor de trenes, no estaba de servicio. ¡Menuda la conversación sobre lo que debió de pasar con el tren Alvia del accidente! Eso nos llevó a hablar en profundidad de la solidaridad, tema que ellos mismos sacaron. Hace poco también, viajando en bus, durante las cuatro primeras horas sólo algunas palabras con mi compañera de asiento, pero en los últimos cuarenta y cinco minutos entramos de lleno en una interesantísima conversación. Se trataba de una joven cubana. He podido entender como nunca el clima social de Cuba y la gran riqueza de valores de sus gentes. Nos intercambiamos los e-mails.

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