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Una experiencia de fe

Manuel Morales

Un frailecito con fama de santo se pilló una respetable enfermedad. Flojo como un pajarito, arrastraba agotamiento y anemia...
Un frailecito con fama de santo se pilló una respetable enfermedad. Flojo como un pajarito, arrastraba agotamiento y anemia. Retirado de toda actividad, contemplaba un día desde la ventana de su celda cómo manejaba la azada el hortelano fortachón del convento. Al fraile, contemplativo y humilde como era, se le encendió de golpe una luz: «¡Y yo creía tener virtud; lo que tenía era salud!». ¡Hay que ver lo bien que se está cuando se está bien! ¡Con qué buen ánimo se hacen las cosas! ¡Qué fácil resulta darle tono a la existencia, repartir optimismo y humor! ¡La chispa de la vida! Y claro, que nuestro cuerpecito se pille una flojera de ésas, deja frustrado al más valiente. Eso sí, te llega una lección que difícilmente se enseña en otras “escuelas�. Me tocó esta vez a mí y lo vi llegar. A Él. En estas ocasiones me acuerdo sobre todo de mis amigos no creyentes. No de los ateos arrogantes, sino de los que buscan sinceramente. El sufrimiento humano es un terrible desafío; y me lo dirigen ellos a mí, que soy su amigo y digo ser creyente. Por eso resulta un momento sagrado de responsabilidad. El sufrimiento pone a prueba nuestra “grandeza� humana. Llamas al capellán de la clínica para reconciliarte en seguida con la Verdad. Y la verdad es que uno se sorprende viviendo “fuera�, como en la superficie. Y suena, apremiante, la llamada a “vivir dentro�, con la “fe del corazón�, no sólo de las palabras y la rutina. Es un momento de gran conmoción. Luego, en el silencio de la noche, cuando te dejas “modelar y herir�, solo y a la vez acompañado por multitud de gente buena que ama y sabe hacerlo, se van iluminando estas palabras: «Dios os trata como a hijos, pues, ¿qué padre no corrige a sus hijos? Si os eximen de la corrección, que es patrimonio de todos, es que sois bastardos y no hijos… Ninguna corrección resulta agradable en el momento, sino que duele; pero luego produce fruto apacible de justicia a los ejercitados en ella».

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