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Epilepsia, depresión y nervio vago

Andrés Lucio

El nervio vago o nervio neumogástrico tiene su origen en el bulbo raquídeo e inerva la faringe, el esófago, la laringe, la tráquea...
El nervio vago o nervio neumogástrico tiene su origen en el bulbo raquídeo e inerva la faringe, el esófago, la laringe, la tráquea, los bronquios, el corazón, el estómago, el páncreas, el hígado y otras vísceras. Este nervio cuenta con unas fibras de las que parten estímulos hacia casi todos los órganos del tórax y del abdomen y otras que realizan el proceso inverso. Las primeras, denominadas eferentes, transmiten estímulos al cuerpo y a las vísceras, mientras que las segundas, denominadas sensoriales, envían señales en sentido opuesto, es decir, desde el cuerpo y desde las vísceras al tronco encefálico. Su trayecto es muy complejo, de ahí el nombre de «vago», es decir, errante, vagabundo, del latín vagus. Podemos decir que este nervio es el que lleva a cabo la mayor actividad en nuestro organismo. Sólo por hacernos una idea, gracias al control que ejerce sobre determinados músculos, el nervio vago regula los latidos del corazón, mantiene la respiración, propicia la sudoración, influye en el habla gracias a su función sobre el nervio laríngeo, facilita la transmisión de distintas sustancias químicas por nuestro organismo y mantiene el tracto digestivo en funcionamiento actuando sobre los músculos del estómago y los intestinos. Además, una parte de nuestra sensibilidad auditiva también depende del nervio vago. La estimulación del nervio vago se empezó a realizar en los años noventa con el fin de tratar aquellos casos de epilepsia resistentes a la terapia farmacológica. La terapia fue aprobada en Europa en 1994 y a lo largo de los años ha demostrado que da buenos resultados. Es más, se ha podido observar que una buena parte de los enfermos tratados con este procedimiento no sólo ha experimentado una notable reducción de los ataques epilépticos, sino que además veían disminuidos los síntomas depresivos que inevitablemente acompañan a esta enfermedad. Por eso se pensó en utilizar también esta terapia para los casos de depresión más grave que también ofrecían resistencia a las terapias farmacológicas. La Organización Mundial de la Salud calcula que las personas afectadas por un desorden depresivo mayor son en el mundo unos 340 millones y que en 2020 esta enfermedad será la segunda en las clasificación de enfermedades invalidantes, después de las enfermedades cardiacas.

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