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Revista febrero - 2013
>
Palabra y vida
> Alguien nos ayudará
Alguien nos ayudará
Cuando uno se pregunta qué harÃa Jesús si estuviera en su lugar...
A la salida del supermercado vi a una persona mayor que estaba llorando. Alrededor de ella habÃa gente intentando calmarla. Cuando pregunté qué habÃa sucedido, alguien me dijo que a la señora le habÃan robado la cartera donde llevaba el dinero para hacer las compras. Era poco, pero era todo lo que tenÃa. Al cabo de un rato la gente terminó marchándose y la señora, un poco más tranquila, se quedó allÃ, sola. Entonces pensé: «Jesús no la dejarÃa ahû. Asà que me senté a su lado, intentando entablar una conversación con ella. No habÃa mucho de qué hablar. «Me han robado todo. ¿Qué voy a hacer ahora? ¿Cómo compro algo para comer?». Le pregunté qué le hacÃa falta y para mi gran sorpresa, lo que ella necesitaba era lo que yo habÃa comprado para la cena de esa noche, a la que habÃa invitado a unos amigos. De repente las bolsas me “quemaban†en las manos. «Mire, yo tengo aquà todo lo que usted necesita. Si quiere, la acompaño a su casa y ya veremos qué podemos hacer». La señora me miró con incredulidad, pero yo ya la habÃa cogido del brazo, y como vivÃa allà cerca, nos encaminamos a su casa, un lugar humilde y pobre. Ella casi tenÃa un poco de vergüenza de que yo viera donde vivÃa. «No se preocupe», y le dejé la compra sobre la mesa de la cocina. «¡Esto me alcanza hasta el final de la semana! Pero no tengo dinero para pagarle todo esto». «No se preocupe. ¡Yo creo firmemente que Dios nos ama a usted y a mÃ, y por lo tanto, nos ayudará!». Le di un beso y me fui rumbo a casa. Me olvidé de todo y me puse a ordenar un poco la casa; más tarde me ocuparÃa de pensar otro menú para la cena. Al cabo de un rato sonó el timbre. Era una amiga que venÃa a saludarme. «Me he pasado por la tienda y te he traÃdo esto –me dijo–. Pensé que podÃa venirte bien», y me dejó dos bolsas llenas de fruta y verdura y hasta un poco de carne que podÃa usar para la cena. Me quedé muda frente a la generosidad y el amor concreto de Dios, que se habÃa servido de mi amiga para “devolverme†lo que le habÃa regalado a esa anciana por la mañana.
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