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Cuando el espíritu de superación se llama Frater

Jordi Rodríguez

Un movimiento promovido íntegramente por personas discapacitadas. Nos lo cuenta uno de sus jóvenes colaboradores, autor de este artículo.
Les voy a explicar una historia muy especial que se repite año tras año en San Feliu de Pallarols, una localidad de Girona. ¿De qué se trata? Habla de una fraternidad cristiana de personas con discapacidad, conocida con el nombre de Frater. Se trata de un movimiento promovido íntegramente por discapacitados y su función es demostrarle al mundo y a ellos mismos que son personas válidas para la sociedad, por eso potencian su autonomía. Para dar a conocer Frater me puse al habla con Mario Jurado, actual presidente de Frater de Girona, y le pedí que me la definiese en una línea. Recuerdo que me miró con condescendencia y me respondió que llevaba en Frater desde los 6 años (ahora tiene 34) y que le era imposible describirla así. «Frater es algo que hay que vivir; no se puede explicar», afirmó. Al final, sin embargo, se decidió a definirla mediante cinco palabras: igualdad, espíritu de superación, familia, estima y convivencia. Se preguntarán qué papel juega San Feliu de Pallarols en esto de Frater. Resulta que es el lugar donde se lleva a cabo la reunión por excelencia de sus miembros –fraternos y fraternas–, es decir, unas convivencias de verano durante las dos primeras semanas de agosto, a las que hay que añadir la preparación por parte de algunos miembros del equipo directivo. Estas convivencias consisten en pasar unos días de paz y hermandad entre discapacitados y colaboradores. Estos últimos son importantes, porque llegan allí donde los discapacitados no pueden llegar, pero no más. Si un discapacitado se puede hacer la cama, el colaborador nunca la hará por él. Si un discapacitado puede lavar los platos, lo hará. Pero si no logra coger un vaso de un armario, entonces el colaborador lo ayuda. Este hecho es muy importante para entender Frater, y evidentemente Mario no deja de recordármelo. Podemos pensar ahora que la relación entre el colaborador y el discapacitado es tensa y fría. Todo lo contrario, colaboradores y discapacitados están al mismo nivel; se entregan mutuamente unos a otros para que esos días de convivencia sean un pequeño paraíso, y eso es lo que le da a este lugar un toque mágico.

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