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Revista enero - 2013
>
Palabra y vida
> Tengo que dar ese paso…
Tengo que dar ese paso…
Perdonar para poder sentirse libre, cuando se produce un desencuentro en el trabajo.
Trabajo en una residencia de ancianos. Un dÃa nos reunimos las compañeras para reorganizar el trabajo de las dos plantas de las que nos ocupamos. En la 1ª planta, donde me turno con otra compañera, en el último semestre las enfermas habÃan empeorado lenta y constantemente requiriendo mayor atención y más tiempo para cada una. La carga de trabajo habÃa aumentado, aunque hacÃamos lo que podÃamos para atender lo mejor posible a las residentes. En cambio, en la 2ª planta desde hacÃa dos meses el trabajo se habÃa normalizado. Al contrario que en otras ocasiones, cuando presentamos nuestra propuesta para descongestionar un poco nuestro trabajo, la reacción de las compañeras no fue receptiva. Por el contrario, se enfadaron y llegaron a acusarnos de estar perdiendo el tiempo trabajando despacio para demostrar que no dábamos a basto. Tuvo que intervenir la jefa de personal para llegar a un acuerdo, pero el ambiente quedó frÃo y tenso. Yo estaba desconcertada por esa reacción tan negativa que no lograba comprender, ya que trabajamos juntas todos los dÃas y todas vemos cómo están las personas que cuidamos, los cuidados que requieren. ¡Nuestra complicada situación era evidente! HabÃamos compartido muchos momentos difÃciles y nos ayudábamos sin problemas. Además, mi compañera y yo nos habÃamos hecho cargo durante ocho meses de una enferma de la planta que no nos corresponde y ello nos supuso un esfuerzo considerable. Y ahora esto… Me dolió mucho que nuestras compañeras desconfiasen de nosotras, que pensasen que querÃamos engañarlas. Hirió mi amor propio. Me acordé de Jesús en la cruz, abandonado, y me sentà un poco como Él. Pero creo que no supe aceptar ese dolor hasta el fondo y se me endureció el corazón, aunque seguÃa trabajando con aparente normalidad y mantenÃa un trato correcto con el personal.
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