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Me han enseñado a reflexionar

Amalia Navarro

Veintitrés años en el País Vasco: «Antes de ir allí me hicieron una recomendación: escucha, observa, acoge».
Soy de Baza y estudié medicina en Granada. Allí conocí la espiritualidad de la unidad, que me ha llevado a considerar el mundo como mi patria, a descubrir y amar la riqueza que la cultura de cada pueblo representa. Hace veintitrés años que vivo en el País Vasco. Antes de ir a vivir allí me hicieron una recomendación que siempre me ha ayudado: escucha, observa, acoge. Nunca había estado en el norte y yo lo asociaba a cierto temor debido al problema del terrorismo de aquellos años. El temor era fundado ya que a los pocos meses de llegar hubo un atentado cerca de mi domicilio, pero comprendí que me tenía que mover siempre dentro de la normalidad, sin agobiarme, llevando una vida que no me quitara la felicidad aun en medio de esas circunstancias, consciente de que alguna vez podría «tocarme» a mí. En Bilbao, después de trabajar de forma esporádica como médico, me dediqué a la enseñanza en la rama sanitaria de Formación Profesional. Fui conociendo personas que por su trabajo, ideología o pertenencia a determinados partidos habían sufrido o sufrían amenazas. Con ellas viví su dolor por la falta de libertad. Era el dolor, por ejemplo, de quien desconoce el paradero de su hijo y mantiene la esperanza de su retorno. Y cosa poco frecuente en mí, me uní a las manifestaciones a favor de la paz cada vez que había un atentado. En los distintos centros donde he trabajado he sentido una gran acogida por parte de profesores y alumnos. Eso sí, tuve que introducir algunas eses en mi forma de hablar y hacerlo más despacio. A este respecto, me sucedió un hecho curioso. Como monitora de un grupo de niñas en Azpeitia, me di cuenta de que una de ellas tenía dificultad para hablar y pensé que era tartamuda. Cuál fue mi asombro cuando la oí hablar con una soltura formidable en euskera. La lengua materna de la niña era el euskera y por mí hacía un gran esfuerzo para hablar castellano. Fue una llamada de atención para no hacer juicios prematuros. Más tarde empecé a estudiar euskera, pues profesionalmente era conveniente, y pude así apreciar la riqueza de esta lengua y el patrimonio de los pueblos que poseen una lengua propia.

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