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Las promesas de las estaminales adultas

Julio Márquez

El Nobel de Medicina 2012 a Gurdon y Yamanaka por sus estudios sobre la eprogramación celular, que plantea nuevas perspectivas para la medicina regenerativa. Aspectos éticos.
«Durante toda mi vida, mi objetivo ha sido llevar el resultado de mis investigaciones al lecho de los pacientes, a las clínicas, para ayudar al mayor número de enfermos posible». Así de feliz se mostraba Shinya Yamanaka, de 50 años, al comentar que acababa de recibir el premio Nobel junto con John B. Gurdon, de 79 años, por sus revolucionarias investigaciones con las células estaminales, comúnmente conocidas como «células madre». Y pensar que, cuando tenía 15 años, un profesor le aconsejó a Gurdon que dejase a un lado la Biología porque no se le daba bien. Por su parte, Yamanaka había decidido en un principio emprender la carrera de Medicina para ayudar a los enfermos, pero luego se dio cuenta de que no tenía suficiente talento y por eso se “refugió� en la Biología. Una decisión afortunada para la humanidad. El caso es que la motivación del Nobel de Medicina y Fisiología 2012, anunciado el pasado mes de octubre, subraya que las investigaciones de los dos estudiosos, primero las de Gurdon (1962) y luego las de Yamanaka (2006), han demostrado que las células maduras del cuerpo humano, especializadas en distintos tejidos, pueden ser reprogramadas, es decir, volverlas indiferenciadas, y así desarrollarse nuevamente hasta formar un tejido distinto del que procedían. Es algo así como si un ingeniero o un artesano de mediana edad se olvidara de todo lo que sabe y volviera a ser niño, empezando a estudiar desde la escuela elemental para convertirse en un gran abogado o en un buen diseñador de moda. En lenguaje técnico, las células reprogramadas se llaman células pluripotentes inducidas (iPS, por sus siglas en inglés). Con sus investigaciones, Yamanaka ha tirado por tierra uno de los dogmas más rígidos de la Biología, a saber, que una vez diferenciada en un tejido, una célula ya no puede dar marcha atrás. Pero Yamanaka demostró hace sólo seis años que son suficientes cuatro «factores de transcripción», es decir, basta con incidir en cuatro genes de una célula para liberarla de su destino y permitirle que vuelva atrás en el tiempo, ponerla a cero en cuanto a especialización, y reconvertirla en uno cualquiera de los 220 tejidos humanos diferentes.

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