Estimados clientes.
Desde abril de 2024, la revista Ciudad Nueva se ha fusionado con la revista Ciutat Nova, dando lugar a la revista LAR
Esta página sigue activa para acceder a todos los números de la revista Ciudad Nueva.

Editorial Ciudad Nueva
   
logoIntroduzca su email y recibirá un mensaje de recuperación de su contraseña






                    




articulo

Doctores tiene la Iglesia

Javier Rubio

Con los dos últimos proclamados el 7 de octubre pasado, san Juan de Ávila y santa Hildegarda de Bingen, suman 35.
Solemos oír esa frase cuando en una discusión, aunque nada tenga que ver con temas de Iglesia, alguien se queda sin argumentos. Si el asunto tuviera que ver con la doctrina, la teología, la moral y otras disciplinas, ciertamente hay doctores que tienen la última palabra. Doctor de la Iglesia es un título otorgado a algunos santos tenidos como «eminentes» maestros de la fe. El calificativo implica reconocer que el Espíritu Santo les ha dado un carisma de sabiduría, que su doctrina ha abordado los misterios de la fe con clarividencia y que han sido capaces de exponerlos de modo accesible. Son de tal talla, que es un crimen fusilarlos en pocas líneas. Pero eso es divulgar: estimular a saber más. Los primeros cuatro doctores de la Iglesia fueron proclamados en 1298. San Ambrosio (340-397), obispo de Milán por aclamación popular, combatió el arrianismo e influyó decisivamente en la declaración del cristianismo como religión de estado. San Jerónimo (343-420), monje y sacerdote dálmata –actual Croacia–, legó a la Iglesia la primera traducción completa de la Biblia al latín, la Vulgata. San Agustín (354-430), obispo de Hipona –norte de África–, es un pensador y teólogo de referencia para todos los siglos. Su obra tuvo gran impacto cultural en la Edad Media y en cuanto «Doctor de la Gracia», su doctrina sigue vigente. San Gregorio Magno (540-604), 64º papa de la historia, impulsó la reforma del clero y de la vida monástica, reorganizó la liturgia ordenando las fuentes y componiendo nuevos textos. A él le debemos el canto gregoriano. Tres siglos después, en 1568, se añaden a la lista cinco nuevos doctores. San Atanasio (296-373), patriarca de Alejandría, la ciudad más cosmopolita de su tiempo, tuvo que hacer frente a varias herejías, defendiendo la igualdad entre el Padre y el Hijo con la fórmula «generado, no creado» que recoge el Credo católico. San Gregorio Nacianceno (329-390), nacido en la actual Turquía, fue obispo de Constantinopla y luego de Nacianzo. En un tiempo en que se definían las verdades de la fe, defendió la divinidad del Hijo e introdujo el concepto «procede de» para definir al Espíritu Santo como tercera persona de la Trinidad. San Basilio Magno (329-379), obispo de Cesarea, hoy Turquía, y amigo de Gregorio, también combatió las herejías y su figura es fundamental en el desarrollo de la vida monástica. El apelativo de «magno» obedece a su obra, la Basiliade, una ciudadela de la caridad por los enfermos. San Juan Crisóstomo (347-407), obispo de Constantinopla. Su elocuencia le valió el apelativo de “crisóstomo” (boca de oro) y su producción literaria, comparable a la de san Agustín, es una mina para los teólogos de todos los tiempos. Santo Tomás de Aquino (1225-1274), teólogo dominico nacido en el sur de Italia, es el «Doctor Angélico y Común» que nos ha legado una ingente labor cultural, conjugando la herencia clásica con las categorías de la fe y poniendo las bases de la relación entre la razón y la fe. Y en 1588 es el turno de san Buenaventura (1221-1274), superior de los franciscanos, obispo de Albano y cardenal de la curia. Tuvo a su cargo la preparación del Concilio de Lyón (1272), y se mereció el apelativo de «Doctor Seráfico» porque sus sermones «ardían por Dios». Llegamos al siglo XVIII. En 1720 es proclamado san Anselmo de Aosta (1033-1109), nacido en esa localidad del norte de Italia. Era benedictino y murió como arzobispo de Canterbury. «Doctor Magnífico», se le considera precursor de santo Tomás de Aquino y padre del método escolástico. En 1722, el primer hispano: san Isidoro de Sevilla (560-636). Natural de Cartagena, teólogo e historiador, fue arzobispo de Sevilla. Es denominado «Doctor Egregio» por sus Etimologías, algo así como la primera enciclopedia conocida. En 1729 es la vez de san Pedro Crisólogo (400-450), nacido en Ímola (Italia). Fue arzobispo de Rávena, que en aquel tiempo era sede de la corte imperial, y en su predicación desgranaba temas como la encarnación, las herejías o el Credo. En 1754 tenemos al segundo papa doctor, san León Magno (400-461), el 45º papa de la historia. También hubo de defender la naturaleza divina y humana de Cristo.

Leer más



Política protección de datos
Aviso legal
Mapa de la Web
Política de cookies
@2016 Editorial Ciudad Nueva. Todos los derechos reservados
CONTACTO

DÓNDE ESTAMOS

facebook twitter instagram youtube
OTRAS REVISTAS
Ciutat Nuova