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El mar de Higgs

Julio Márquez

Descubrimiento de la inaprensible partícula que da masa a todas las demás.
Cuando tras varios meses de navegación Rodrigo de Triana, vigía de la Pinta, grito: «¡Tierra!», toda la tripulación exultó de alegría. El gran navegante Cristóbal Colón, feliz y orgulloso con razón, probablemente pensó: «Yo estaba en lo cierto. El océano no se extiende hasta el infinito, ni se precipita hacia abajo en ningún sitio, sino que navegando podemos llegar de nuevo a tierra, que debería ser la China de Marco Polo». Sabemos bien que no lo era, pero ése fue el primer paso hacia el descubrimiento de un nuevo mundo inimaginable hasta entonces, hecho que iba a cambiar la historia de la humanidad. ¿Ocurrirá lo mismo con el bosón de Higgs? Podría ser. Tras 48 años de teorías, dudas, discusiones e innovaciones tecnológicas, utilizando el LHC –la máquina aceleradora más potente y compleja que jamás se haya construido en el mundo– y gracias a la extraordinaria colaboración (y competición) internacional de miles de científicos, el 4 de julio pasado el CERN de Ginebra comunicó que el objetivo había sido alcanzado: ¡el bosón de Higgs existe! La presencia de esta partícula fue revelada por el LHC a la energía de 126 GeV (miles de millones de electronvoltios), o sea, 126 veces la masa del protón. En el momento del anuncio, Peter Higgs, el científico inglés de 83 años que intuyó la existencia de esta partícula mientras paseaba por las colinas escocesas en 1964, no pudo contener su emoción: «¡Un resultado increíble!». ¿Por qué se ha requerido tanto tiempo para hallarla? Sencillamente porque, dada la equivalencia entre masa y energía, ha habido que esperar a construir una máquina tan potente que pudiera alcanzar el nivel de energía necesario para revelar una partícula de masa tan elevada. «Es difícil no estar emocionados», afirma un científico del CERN. A decir verdad, a algunos científicos norteamericanos el hecho les ha dejado mal sabor de boca y menean la cabeza lamentando la decisión del Congreso de los EEUU que, por motivos económicos, años atrás bloqueó la construcción del gran acelerador en suelo americano dejando así el camino libre para que Europa venciera en la competición por el descubrimiento del bosón de Higgs. Una anécdota: al parecer Stephen Hawking, el famosísimo científico inglés que va en silla de ruedas, se había apostado 100 dólares a que el bosón de Higgs no existía. ¿Qué pasará ahora? Durante los próximos meses seguirán adelante los experimentos para entender mejor las características de esta nueva partícula, que ya ha demostrado que no se comporta exactamente como preveía la teoría. Pero esto no hace más que aumentar el entusiasmo y la motivación de los científicos que trabajan en las fronteras de la física de base. Luego, en diciembre de este año el LHC se parará para someterlo a un mantenimiento ya previsto hace años y que le va a permitir redoblar su potencia, con lo cual se abrirán nuevas y emocionantes posibilidades para la investigación sobre la materia y la energía.

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