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La verdad del amor humano

Fernando Guerrero

La Conferencia Episcopal Española publicó en julio pasado el documento «La verdad del amor humano. Orientaciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar». No se pretende recoger aquí su enorme riqueza, sino únicamente señalar las ideas clave.
El documento reconoce que en España existen motivos de esperanza, como la valoración positiva de la vida y de la familia, los testimonios de entrega y santidad de los matrimonios, las manifestaciones en favor de la vida, las jornadas de la familia, etc. Pero al mismo tiempo describe las numerosas sombras que oscurecen el panorama de nuestra sociedad: prácticas abortivas, anticoncepción, esterilización, rupturas matrimoniales, violencia doméstica... y, sobre todo, una legislación agresiva en temas familiares, que ha reformado la regulación del Código Civil hasta extremos impensables. La primera parte aborda el tema central de la Revelación cristiana, o sea, el Amor de Dios como origen de todo amor humano. Explican los obispos que el Amor de Dios no es impersonal, sino interpersonal, trinitario; un Amor en el que el Padre y el Hijo se aman mutuamente en el Espíritu Santo. Partiendo de ese amor originario de Dios, se descubre que el ser humano fue también creado para amar. La persona humana es imagen de Dios en todas las dimensiones de su humanidad. En ella, espíritu y materia constituyen una sola naturaleza. Así, el cuerpo humano no es reductible a su estructura orgánica, ni la vida humana a su dimensión biológica; el cuerpo humano es la dimensión visible de la persona, es el elemento corporal de su “yo�. Y la persona humana es varón o mujer, es decir, que la dimensión sexuada es inseparable de la personalidad y afecta a su núcleo más íntimo. Los rasgos anatómicos están dotados de una objetividad trascendente, como manifestación visible de la persona. La diferencia sexual impulsa a la persona de sexo masculino hacia la de sexo femenino, en el contexto del amor verdadero, mediante la entrega de sí mismo. El amor conyugal es un amor “comprometido�, con una originalidad y unas características –plenamente humano, total, fiel, exclusivo y fecundo– que lo distinguen de otras formas de amor. Con el matrimonio el hombre y la mujer establecen una alianza por la que ya no son dos, sino «una sola carne» (Mt 19, 6; Gen 2, 24), constituyendo «una unidad dual», en cuanto personas de sexualidad distinta y complementaria. Por el matrimonio se origina entre los cónyuges un vínculo visible, social y jurídico de tal densidad que requiere por parte de los contrayentes la voluntad de compartir un proyecto de vida. La «unidad de la carne» hace referencia a la totalidad de la feminidad y la masculinidad en sus diversos niveles de recíproca complementariedad.

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