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Revista julio - 2012
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Código 20
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El que sirve las mesas
Aitor de la Morena
Una historia que contar
Me llamo Aitor y tengo 28 años. Os escribo porque tengo algo que contar: ¡he sido ordenado diácono! «¿Diácono? ¿Y eso qué es?», os preguntaréis. En la Iglesia el sacramento del Orden está configurado en tres grados: obispo, presbÃtero y diácono, palabra que viene a significar «el que sirve las mesas». Ya puedo bautizar y bendecir el matrimonio y dentro de unos meses seré ordenado sacerdote. Mucha gente ve este tiempo de diaconado como una especie de «prácticas» similares a las que se realizan en un tÃtulo universitario. Para mÃ, la importancia de este paso no es tanto que pueda hacer ciertas cosas, sino que me he consagrado a Dios, al servicio de la Iglesia y, a partir de ahora, soy «sacramento de Cristo»: ¡represento a Jesús! ¡Es muy fuerte! Todo esto, aunque parezca muy serio (y lo es), se vive dentro de una total normalidad. Trabajo en una parroquia de barrio, Nuestra Señora del Aire, al lado de la base de Cuatro Vientos, en Madrid. Ya he convivido en esa parroquia los fines de semana y las vacaciones durante el curso; pero ahora, por fin, estoy «a tiempo completo». Los sacerdotes y la gente me han acogido fenomenal: el ambiente es de familia, la gente se conoce, se comunica, se ayuda… Y estoy contentÃsimo de haber pasado a formar parte de sus vidas. Intento amarlos concretamente, aprendiéndome sus nombres, recibiéndolos siempre con una sonrisa, interesándome por sus problemas y haciendo lo que tenga que hacer con la máxima perfección posible. La comunión con el párroco es especialmente bonita: me siento libre de comunicarle lo que vivo, de pedir perdón cuando creo que he hecho algo mal… Él también actúa asà conmigo; nos complementamos, nos queremos y ese amor se irradia hacia la parroquia. También la relación con los otros dos sacerdotes, un colombiano y un chileno que estudian aquÃ, ha sido desde el primer dÃa muy familiar, como si fuéramos hermanos. La parroquia tiene mucha vida. Por ejemplo, en cuanto avisamos de que el almacén de Cáritas está vacÃo, todos se vuelcan para traer alimentos y, entre todos, pero especialmente gracias a unos voluntarios espectaculares, ayudamos a unas cien familias. Yo coordino la parte juvenil, ya que soy el más joven y el más cercano a su «rollo»: las redes sociales, la música o el lenguaje.
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