Estimados clientes.
Desde abril de 2024, la revista Ciudad Nueva se ha fusionado con la revista Ciutat Nova, dando lugar a la revista LAR
Esta página sigue activa para acceder a todos los números de la revista Ciudad Nueva.

Editorial Ciudad Nueva
   
logoIntroduzca su email y recibirá un mensaje de recuperación de su contraseña






                    




Por qué la Palabra hace vivir

M.S.

«Tenía muchas ganas de decirle un par de cosas bien dichas, menos mal que mi conciencia me sugirió una actitud distinta».
Dentro de un mes tendré que incorporarme a la nueva empresa con la que he firmado un contrato por tiempo indefinido; por eso estoy procurando pasar a mis compañeros las tareas que tengo en mi trabajo actual. Algunas de las cosas que hago son un servicio directo a las personas, cosas que ayudan a que todo funcione mejor, por lo que me parece importante asegurarme de que esas tareas sigan sin interrupción. Esa inquietud me viene de querer vivir el trabajo como un servicio evangélico, lo cual te ayuda a ver las cosas con los ojos de los demás, a pensar en los que se quedan y en cómo dejarlo todo en orden. Ayer estaba tratando de hacer eso en una reunión con algunos directivos y quedó claro que yo estaba desempeñando una tarea que no era de mi competencia, pero que ninguno sabía o quería hacer. Cuando le dijeron a la persona que debería haberlo hecho desde el principio que se hiciera cargo, empezó a plantear un montón de problemas que obviamente sonaban a excusas. Cuando le señalé que hasta ese momento todas esas cosas las había estado haciendo yo además de mis tareas y sin poner problemas, esta persona me dijo que no todo el mundo puede tener las mismas ganas de trabajar sin fijarse en el reloj. En ese momento me dieron ganas de responderle en el mismo tono, porque además no es la primera vez que me topo con esta mentalidad de querer trabajar lo menos posible. Dado que la empresa está pasando una mala racha y que el precio al final lo pagan los más débiles, que son los que acaban despedidos, me resulta muy difícil justificar semejante actitud, como si se tratase de encontrar la excusa legal para hacer lo mínimo indispensable. Sí, tenía muchas ganas de decirle un par de cosas bien dichas, o de llevar las cosas de forma burocrática y formal con el fin de obligar a esta persona a asumir sus obligaciones. Menos mal que mi conciencia me sugirió adoptar una actitud distinta. En primer lugar, me di cuenta de que estaba juzgando a un hermano, así que me puse a escuchar sus quejas con más apertura. Y así comprendí que detrás de esa actitud rígida y hostil se escondían viejos sinsabores con otras personas que en su momento se comportaron mal con él. Más que por una verdadera actitud negativa, su «cerrazón» se debía al temor a que se aprovechasen de él.

Leer más



Política protección de datos
Aviso legal
Mapa de la Web
Política de cookies
@2016 Editorial Ciudad Nueva. Todos los derechos reservados
CONTACTO

DÓNDE ESTAMOS

facebook twitter instagram youtube
OTRAS REVISTAS
Ciutat Nuova