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Sabiduría al alcance de todos

Jon Grimaldos

Una de las frases del Evangelio que siempre me ha interpelado es ésta: «Todo lo que hagáis al más pequeño de estos mis hermanos, me lo hacéis a mí».
Pues bien, en relación con esta frase, me vienen a la mente algunos episodios de mi vida. Hasta hace poco vivía en un piso con otros estudiantes. En cierta ocasión tuvimos una discusión y uno de los compañeros acabó enfadándose. Yo pensaba sinceramente que no le había faltado al respeto, por lo tanto no tenía por qué pedir perdón. Pero como el ambiente en casa era desagradable, decidí armarme de valor y hablar con él. Al oír nuestra conversación, se sumaron los otros compañeros y empezamos a aclarar algunos malentendidos. Todo terminó con que nos pedimos perdón mutuamente y así recuperamos la relación, y seguimos conversando hasta altas horas. Cuando iba a acostarme, la alegría que sentía era tremenda, pues había logrado restablecer la relación con mis compañeros. Además me resultaba paradójico el hecho de que siendo algunos de ellos expertos en resolución de conflictos, pues uno de ellos estaba haciendo un doctorado en Relaciones Internacionales, y otro un máster en Cooperación y Desarrollo, sin embargo ese día la solución fue el amor vivido de forma concreta. Aprendí que ésa es la mayor de las sabidurías y que está al alcance de cualquier persona. También recuerdo algo que ocurrió a finales de curso. Se acercaba la fecha de entrega de un trabajo que había hecho en grupo. En la última reunión habían faltado dos compañeros: uno se encontraba enfermo, otro sencillamente no apareció, y además ya había faltado en alguna otra ocasión. Los demás del grupo empezamos a preocuparnos porque sin ellos el trabajo no saldría adelante. Nuestra última opción era volvernos a juntar la mañana justo antes de la presentación y así ultimar los detalles e incluir la parte del trabajo que faltaba, sabiendo los riesgos que eso conllevaba. Yo quedé encargado de convocar a todos por correo electrónico. Mientras estaba escribiendo a estos dos que habían faltado, me di cuenta de que lo que me salía era echarles en cara la situación que se había creado por su causa, pero pensé que no debía juzgarlos, porque no conocía todos los detalles, sino tratar de ver a Jesús en ellos, y el tono del mensaje cambió por completo.

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