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Aprendizaje y servicio

Mª Pilar Marín

Darle una finalidad social al aprendizaje puede estimular el trabajo del alumno.
Hay muchas escuelas y universidades, muchos estudiantes y docentes que realizan prácticas de «aprendizaje-servicio» aun sin saber que los expertos en Ciencias de la Educación así lo llaman. A veces, cuando se habla del tema, alguien dice: «¡Ah! pero nosotros hacemos cosas de este tipo». O sea, que lo que hacen los expertos es dar apoyo teórico, formalizar metodológicamente la experiencia que en muchas ocasiones empieza espontáneamente. No se trata de la última moda pedagógica; más bien es una propuesta para articular actividades y tareas de la vida universitaria o escolar que pueden perder eficacia por no estar suficientemente fundamentadas. No estamos hablando de asistencialismo, sino de trabajar por un mundo más justo. Nieves Tapia es directora del equipo profesional del Centro Latinoamericano de Aprendizaje y Servicio Solidario (CLAYSS), con sede en Buenos Aires. Su trayectoria profesional cuenta con algunos hitos, como el premio internacional Alec Dickson Servant Leader Award, que le otorgó la National Youth Leadership Conference de Estados Unidos en 2001. La profesora Tapia también forma parte de Education for Unity (EdU), una red internacional de profesionales de la educación que promueve la investigación sobre una Pedagogía basada en la dimensión relacional. Y como reconocida experta, entre otras cosas es coordinadora de la Red Iberoamericana de Aprendizaje-Servicio y representante de América del Sur en la comisión directiva de la International Association for National Youth Service. En el mes de junio pasó por Madrid con la delegación argentina que asistió a las reuniones de la Red Talloires, la cual les había otorgado una prestigiosa distinción (ver recuadro). En esa ocasión, la Facultad de Educación de la Universidad Complutense la invitó a hablar de un tema apasionante para todos los que amamos la educación: «Calidad académica y compromiso social: la propuesta del aprendizaje-servicio». Y aquí me quiero detener, ahora que acabamos de empezar el curso. Según la profesora Tapia, una buena experiencia de aprendizaje-servicio consta de tres elementos clave: el protagonismo del estudiante, el estímulo de los docentes, y un servicio concreto. Podrá haber muchas simulaciones de laboratorio, pero la finalidad es que haya gente que se beneficie del trabajo realizado. Y lo interesante es que no sólo se benefician las personas a quienes se presta un servicio, sino también los estudiantes, pues descubren potencialidades que ni ellos conocían y desarrollan capacidades que no son habituales ni en el laboratorio ni en el aula. En este sentido, una de las cosas más interesantes del aprendizaje-servicio es que rompe con el esquema tradicional –«los profesores damos y los estudiantes tienen que agradecer que les demos»– y se genera un circuito de reciprocidad que a todos enriquece. Los ejemplos que proporciona Nieves son elocuentes. La cátedra de Lenguaje Visual de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata es la típica cátedra de diseño en donde el trabajo final es un producto en que inviertes un montón de tiempo para que te pongan una buena nota y después, en el mejor de los casos, lo guardas en un armario, si no acaba en la basura. Pues bien, el titular de la cátedra se planteó que todo ese esfuerzo y dinero pudiera tener una finalidad social. Hace tres años propuso a sus alumnos que el trabajo fuera un libro o un cortometraje de animación que pudiera llevarse al pabellón de oncología infantil del hospital de la ciudad. De ese modo el trabajo adquirió un carácter completamente distinto. Por una parte, los expertos que dieron indicaciones sobre cómo tenían que hacer los libros no eran sólo los “genios� del diseño, sino también los médicos del hospital, para explicar qué características ha de tener un libro para un niño que está todo el día en la cama. En segundo lugar, el trabajo no tenía como única finalidad aprobar la asignatura, sino ser algo atractivo para un niño que está sufriendo. Nunca antes en esa cátedra se habían presentado tantos trabajos finales.

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