Este volumen completa la traducción castellana de las obras de Gregorio Nacianceno (h. 330-390). Se incluyen en él dos obras atribuidas con seguridad al Padre de Capadocia: los Epitafios y Epigramas. Un tercer escrito, el Cristo sufriente, es atribuido a dicho Padre de la Iglesia por la tradición manuscrita, aunque algunos investigadores contemporáneos dudan de la época en que fue escrito y, por tanto, también de la autoría de Gregorio de Nacianzo.
En estas páginas se presentan traducidos al castellano los epitafios compuestos por el Nacianceno para recordar a personas queridas, de su propia familia u otras muy allegadas al poeta por consanguinidad, amistad o simple agradecimiento. Otros poemas del Nacianceno están dedicados precisamente a los profanadores de tumbas y a quienes abusaban de los sepulcros de los mártires, celebrando sus fiestas y aprovechando estas ocasiones para sus excesos de diversión.
El Nacianceno dedica sus epitafios a parientes y amigos, mientras que los epigramas tienen como objetivo otros temas más generales, sin dirigirse a una persona precisa. De todas formas, la división entre epitafios y epigramas no obedece a ninguna norma literaria, sino simplemente a la realizada en la edición de la Patrología de Migne, que es la que hemos tenido en cuenta.
Las últimas páginas del presente volumen ofrecen una nueva traducción castellana de la obra que aparece como apéndice en las ediciones antiguas de los escritos del Nacianceno. El objetivo de estas páginas no es otro que facilitar una nueva lectura castellana de este drama o tragedia —pues comprende ambos géneros literarios— y ofrecer una respuesta más a los problemas que este escrito todavía plantea entre los estudiosos contemporáneos. El lector podrá disponer de un elemento más que lo ayude a acercarse al pensamiento del Padre de la Iglesia en la Capadocia de la Antigüedad cristiana. La traducción de los epitafios y epigramas es la primera que se ofrece en la bibliografía castellana.
Autor
El nombre de Gregorio Nacianceno (330-390) suele asociarse al del otro Gregorio, el de Nisa, y a Basilio Magno, formando así la célebre tríada de los "grandes capadocios".
Menos especulativo que su homónimo, y poco dispuesto a la acción, a diferencia de su amigo Basilio, Gregorio de Nacianzo destacó, sin embargo, sobre ambos y en toda la antigüedad cristiana por su elocuencia, hasta el punto de merecer el apelativo de "Demóstenes cristiano". Fue asimismo un literato muy refinado, y tratando de compaginar la cultura literaria con la vida ascética y solitaria a la que se sentía llamado, y a la que retornaba, en cuanto sus obligaciones ministeriales se lo permitían.
Escritor sumamente dotado, no compuso auténticos tratados dogmáticos o comentarios bíblicos, si bien ambos géneros figuran en su amplia producción, que abarca discursos, poemas y muchas cartas.
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