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FICHA TÉCNICA

Preparado por: Merino Rodríguez, Marcelo

Publicado por: Editorial Ciudad Nueva

Primera edición: 10/02/2022

ISBN: 978-84-9715-518-2

Páginas: 568

Formato: 14,5x22

Peso: 740 gr.

Precio en papel: 25.00







Sobre el autor


Gregorio Nacianceno
El nombre de Gregorio Nacianceno (330-390) suele asociarse al del otro Gregorio, el de Nisa, y a Basilio Magno, formando así la célebre tríada de los "grandes capadocios". Menos especulativo que su homónimo, y poco dispuesto a la acción, a diferencia de su amigo Basilio, Gregorio de Nacianzo destacó, sin embargo, sobre ambos y en toda la antigüedad cristiana por su elocuencia, hasta el punto de merecer el apelativo de "Demóstenes cristiano". Fue asimismo un literato muy refinado, y tratando de compaginar la cultura literaria con la vida ascética y solitaria a la que se sentía llamado, y a la que retornaba, en cuanto sus obligaciones ministeriales se lo permitían. Escritor sumamente dotado, no compuso auténticos tratados dogmáticos o comentarios bíblicos, si bien ambos géneros figuran en su amplia producción, que abarca discursos, poemas y muchas cartas.

Sinopsis

En 383 Gregorio de Nacianzo se retiró por completo a una vida ascética que duraría seis o siete años. Era un hombre habituado a esta clase de vida desde hacía tiempo, y por un tiempo durmió sobre paja, se vistió de saco y su alimentación fue completamente frugal. En los últimos años de su vida llegó a imponerse un absoluto silencio durante toda una Cuaresma. No obstante, su vida siguió siendo extraordinariamente activa hasta el último instante. En sus últimos años dedicó mucho tiempo a la oración y sobre todo a la escritura. Toda su vida la pasó hablando o escribiendo, conocedor como era de que la escritura llega donde no alcanza la palabra.

Retirado de la vida activa, el Nacianceno permanecía sin embargo más que atento a los problemas teológicos del momento. En efecto, el problema trinitario aún no se había resuelto de manera definitiva, y desde su retiro provinciano el Teólogo interviene vigorosamente escribiendo tres pequeños tratados a los que da forma epistolar. Son las tres Cartas teológicas, dirigidas respectivamente al sacerdote Cledonio y a Nectario de Constantinopla.

 

En esta clase de escritos hay que cuidar lo característico de su autor, pues la carta es como el espejo del alma, y por lo mismo hay que tener en cuenta su extensión. Con excepción de esos tres pequeños tratados teológicos, todas sus cartas son breves y concretas. También huye de las frases alambicadas y excesivamente rebuscadas, y su contenido versa sobre asuntos sencillos y familiares.

 

En su epistolario, Gregorio se muestra casi siempre como el hombre influyente preocupado por sus conciudadanos y amigo de sus amigos; pero su pluma también nos permite ver al escritor delicado y refinado, el corazón de un profundo pensador y sobre todo un cristiano enamorado de su Dios. Pero donde la figura del sacerdote y del maestro emerge con un relieve más acentuado es principalmente en algunas cartas de carácter más íntimo, didáctico y dogmático, en las cartas de consejo, exhortación o consuelo.

 

La presente edición ofrece traducidas al castellano por primera vez las doscientas cuarenta y nueve cartas que integran el corpus epistolar de san Gregorio Nacianceno.



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