logoIntroduzca su email y recibirá un mensaje de recuperación de su contraseña






                    




¿Hay esperanza para Tierra Santa?

Entrevista a Alessandra Buzzetti



Mia G. Ruiz
01-07-2021

articulo

Se escuchan palabras nuevas tras el cambio de guardia en Israel. El nuevo jefe de Gobierno, Naftali Bennett, promete «unir a la nación» y pide a los ministros «moderación» ante las diferencias. Sólo «la amistad y la confianza», según Yair Lapid, pueden fundar la acción del nuevo gobierno. Pero ¿de qué nación estamos hablando?, ¿cómo no dejarse anestesiar por la falta de esperanza ante un conflicto atávico? Alessandra Buzzetti, corresponsal de TV2000 en Jerusalén, da algunas claves.


1. «Dos pueblos en dos estados» es lo que promueven la ONU y la Santa Sede. ¿Qué significa hoy «diálogo» entre israelíes y palestinos?


Hasta el pasado 10 de mayo se pensaba que la cuestión palestina podía quedar, de facto, fuera de la agenda de la comunidad internacional. Este parecía ser el camino marcado por los Acuerdos de Abraham, firmados por el ex primer ministro israelí Netanyahu bajo el paraguas del ex presidente Trump. El diálogo entre israelíes y palestinos estaba congelado de hecho, todo ello en perjuicio de estos últimos, en un Oriente Medio en el que el equilibrio de poder está cambiando.
El conflicto palestino-israelí ni siquiera ocupaba un lugar destacado en la agenda de la nueva administración estadounidense. Joe Biden se vio obligado a intervenir debido a la escalada del pasado mes de mayo entre Hamás e Israel. En su viaje a Oriente Medio, tras el alto el fuego, el Secretario de Estado estadounidense Blinken reiteró que también Estados Unidos, al igual que la ONU y la Santa Sede, considera que la solución de dos pueblos y dos Estados es la única viable. Y teóricamente aparece la solución justa.
Sin embargo, viviendo en Jerusalén y viajando a menudo a los Territorios Palestinos, me pregunto cómo pueda ser técnicamente posible. «Cisjordania es como un queso gruyere», por utilizar una expresión del presidente de la Autoridad Palestina, Abu Mazen. Sin embargo, indudablemente, él es también parte del problema: 85 años y un liderazgo muy debilitado. Por otro lado el Estado de Israel se ha dotado del gobierno más heterogéneo de su historia -derecha nacionalista, centro, izquierda y un partido islamista-, un gobierno creado para poner fin al largo reinado de Benjamyn Nethanyau. ¿Podrán coexistir el nuevo primer ministro Naftali Bennet, sionista religioso y amigo de los colonos, y Mansur Abbas, líder islamista? El acuerdo está centrado en el frente interno y deja de lado las cuestiones más controvertidas, al menos durante los dos primeros años. Empezando por la cuestión palestina, por desgracia, a no ser que las noticias de Gaza estropeen los planes.


2. ¿Espacios para la colaboración?


Desde luego que sí. Es bien sabido que la Autoridad Palestina depende ya en gran medida, a su pesar, del Estado de Israel. Por ejemplo en el tema sanitario. La insuficiencia de los hospitales palestinos quedó dramáticamente manifiesta durante la pandemia. Y hubo ejemplos virtuosos de colaboración en un sistema que, a pesar de las injusticias y mortificaciones, de hecho lo prevé. Recuerdo un médico cuya historia me parece ejemplar desde el punto de vista del método. Se trata de Salem Billan, un cristiano de Caná, jefe de radioterapia en Haifa en uno de los hospitales oncológicos más importantes de Israel. Durante años, en colaboración con colegas israelíes, ha formado a oncólogos palestinos y ha creado la primera unidad de radioterapia de Jerusalén Este, en el Hospital Augusta Victoria, para ofrecer terapias que de otro modo serían inaccesibles para los palestinos.


3. Un muro que divide y protege, ¿a quién de quién?


Hay al menos.: el muro infranqueable de Gaza, el muro visible que separa Israel de los Territorios Palestinos y el muro invisible entre árabes y judíos dentro del Estado de Israel. Lo que me llama la atención viviendo aquí es cómo las diferentes comunidades viven realmente vidas paralelas. No se conocen. «Aquí la identidad no se entiende por lo que uno es, sino por lo que uno odia», decía con gran amargura David Grossman hace tiempo. Lo vimos en los violentos enfrentamientos, durante la guerra de Gaza, dentro del Estado de Israel. Porque, mientras los enfrentamientos entre los exaltados de los 400.000 colonos que viven en los asentamientos son desgraciadamente normales, en el interior de los territorios donde residen cuatro millones y medio de palestinos, la caza al hombre y la quema de sinagogas y mezquitas en Lod y Acco han puesto al descubierto el muro invisible de las ciudades mixtas israelíes y la incapacidad del Estado israelí para responsabilizarse de la situación socioeconómica de la sociedad árabe, tratada a menudo como una minoría hostil e ilegítima. La guerra de Gaza ha sido la mecha que ha hecho estallar la frustración en los jóvenes árabes israelíes. Por eso es una novedad positiva la presencia en el nuevo Gobierno israelí de un partido árabe, comprometido a intensificar la lucha contra la violencia y la delincuencia que imperan en los barrios árabes, la crisis de la vivienda y la brecha existente en el ámbito educativo.


4. El miedo a explorar nuevas soluciones ¿es renunciar a la inteligencia política?


Para explorar nuevos caminos se necesitan líderes valientes. Hoy en día faltan, y no sólo en Tierra Santa. La cuestión sigue siendo central entre los numerosos actores implicados en el conflicto, cada uno de los cuales defiende sus propios intereses y su propia esfera de poder. La Franja de Gaza sigue siendo un triste caso emblemático. Como han señalado varios analistas israelíes, en realidad, los distintos gobiernos de Netanayhau no han impedido el nacimiento de un Estado, dentro del Estado, gobernado por los islamistas de Hamás. Me llamó la atención, en mi visita a Gaza dos semanas después del alto el fuego, los numerosos carteles de agradecimiento al presidente egipcio Al Sisi. Hasta hace un mes, las relaciones, aunque necesarias, no eran ciertamente amistosas, pero cualquier reconstrucción implica una inestimable ayuda económica que hay que gestionar.


5. ¿La población, aunque exasperada, aspira a la convivencia?


Sí, la mayoría de la gente desea, si no la paz, al menos la coexistencia. Por supuesto, hay quienes pueden vivir tranquilamente, como si el otro no existiera, hasta la siguiente escalation, y quienes, en cambio, se ven obligados a sufrir humillaciones y graves limitaciones a su libertad cada día.


6. ¿Cómo acercar el objetivo «dos pueblos en dos Estados»?


La educación sigue siendo el único y principal camino: es la paciencia de la siembra. Las jóvenes generaciones merecen un futuro de esperanza, pero para construirlo necesitan testigos. En ambas partes hay experiencias y realidades que persiguen tenazmente el camino de la educación a la paz. Las escuelas cristianas, en esto, tienen una misión fundamental, pero hay instituciones mixtas e iluminadas también en la sociedad israelí. He conocido a varias personas comprometidas que no se rinden, a pesar de las críticas, la marginación y a veces incluso las amenazas.


7. ¿Y para quienes trabajan por la paz y la cohesión a pesar de todo?


Hay chispas de esperanza y convivencia, aunque sin luces que deslumbren. Durante los once días de guerra fui testigo de iniciativas de asociaciones e individuos, que salieron a la calle para afirmar el respeto mutuo y el deseo de vivir juntos. Y hubo historias que acabaron en la primera página de los periódicos y no sólo israelíes. Como la de Irina, viuda de un electricista judío matado en Lod. Donó los órganos de su marido y así salvó a una mujer árabe. También lo hizo el padre de un chico musulmán muerto por la policía cuando sólo tenía diecisiete años. «Nadie podrá devolverme a mi marido -me dijo Irina-, pero decidí donar sus órganos para que una parte de él siguiera viviendo. Me alegro de que haya salvado a otros seres humanos, sean quienes sean». Creo que también para Tierra Santa, como para el resto del mundo, la esperanza proviene de la capacidad del corazón de cada persona para reconocer lo que es verdadero, bello y justo.

Política protección de datos
Aviso legal
Mapa de la Web
Política de cookies
@2016 Editorial Ciudad Nueva. Todos los derechos reservados
CONTACTO

DÓNDE ESTAMOS

facebook twitter instagram youtube
OTRAS REVISTAS
Ciutat Nuova